CLAMOR POR UN ESPIRITU RECTO, NOBLE Y QUEBRANTADO

CLAMOR POR UN ESPIRITU RECTO, NOBLE Y QUEBRANTADO
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. (Salmos 51.10-12)

Tras la trágica caída del rey David con Betsabé, éste, levantó una compungida oración de restauración de su espíritu. En esa oración pidió «un espíritu recto - un espíritu noble - un espíritu quebrantado».

UN ESPIRITU RECTO

«Y renueva un espíritu recto dentro de mí». David reconocía que su pecado le había quitado la perpendicularidad, la verticalidad con Dios. ¡Cuan importante es no perder la perpendicularidad en la vida!

Según el diccionario de la Real Academia de la lengua, perpendicular es una línea o un plano, que forma ángulo recto con otra línea o con otro plano.

Esta palabra procede del latín perpendicularis que significa «plomada». Los constructores se dieron cuenta que la única manera de obtener el ángulo recto con respecto al suelo era por medio de suspender una plomada en el vacío. Este sistema es tan fiable que se ha usado constantemente, en todas las épocas, y sin excepciones ha revelado automáticamente el ángulo recto con el plano terrenal.

La clave de la edificación correcta estriba en hallar un punto de referencia de la rectitud con respecto al suelo, esta es imperiosa para poder levantar paredes de un edificio seguro y habitable. La plomada necesita la dimensión de arriba para así marcar la dimensión de abajo.

David había perdido la dimensión de arriba, la dimensión de Dios, por lo mismo sus actos en la dimensión de abajo quedaron falseados y a pesar de todos sus intentos de enderezar la pared de su adulterio estos fueron infructuosos y dejaron a la vista de todos su torcedura.

«Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo toleraré más.» (Amós 7.7-8)

UN ESPIRITU NOBLE

«Y espíritu noble me sustente». David reconoció que había perdido aquel espíritu noble que le caracterizaba. El espíritu noble es aquel que es espontáneamente generoso, que se da voluntariamente, que impulsa lo bueno a su alrededor.

David reconoció que pasó de un espíritu noble a un espíritu egoísta, se sirvió a sí mismo con lo que le pertenecía a otro, usó la propiedad ajena para saciar su propia carne. Natán le recordó que había tomado lo ajeno sin necesidad «Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él.» (2º Samuel 12.4)

UN ESPIRITU QUEBRANTADO

«Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.» (Salmos 51.17)

El espíritu quebrantado es aquel que está en una condición de humillación, que está fracturado, partido, derribado. El espíritu quebrantado había sido sustituido por el espíritu de soberbia. David no se inmutó ante la muerte de Urías, su espíritu no se quebrantó al conocer la terrible noticia, al contrario, la recibió con alivio, porque así nadie lo cuestionaría.

Dio el parte de guerra amparándose en la batalla como si lo que le había ocurrido a Urías hubiera sido un triste accidente. En su comunicado oficial, maquilló la cara horrenda del asesinato alevoso con el cosmético de la justificación, de las estadísticas, los índices de peligro, los daños colaterales, la pérdida irreparable de los hombres valientes que caen en el campo del honor. No hubiera dudado en darle a Urías la medalla del «purple heart» a título póstumo.

Aquel David que se conmovía, lloraba, gemía, se quebrantaba ante la muerte de su peor enemigo, ahora es incapaz de llorar la muerte de su mejor amigo.

Qué triste cuando se pierde el corazón realmente quebrantado, el espíritu que no se quebranta es un espíritu que no puede ofrecer sacrificio a Dios, por lo mismo no se acerca a Dios porque sabe que no será oído ni aceptado. Hay que pedirle a Dios el espíritu quebrantado que abre las puertas de la comunión y de la restauración.

Su Pastor y amigo Alberto Ortega